(Estamos en una concurrida encrucijada de los Túneles de Paso Para Caminantes. La irregular iluminación proviene de dispositivos adosados esporádicamente a paredes y techo; muchos de los dispositivos están pestañeando o directamente apagados; la multitud se mueve en todas direcciones a una velocidad constante, lo que a primera vista puede dar una sensación de fluidez, pero al mirar bien observamos que casi de forma continua hay gente caída y pisoteada, hay empujones y forcejeos, amontonamientos y pequeñas trifulcas desganadas que duran apenas segundos y todos siguen su camino pues nadie quiere en realidad pelear, sino apenas conseguir avanzar en uno u otro sentido. Por un ducto de ventilación repentinamente abierto cae desmayado el insigne caballero Sir Archibaldo Reynolds, cuyo cuerpo es mecido por la multitud de aquí para allá hasta que despierta y luego de divertirse un poco con la situación consigue que lo bajen al suelo; quiere quedarse quieto en un punto y observar a su alrededor, pero no se lo permiten; decide rápidamente que lo mejor será moverse como todos los demás y se aleja por uno de los túneles. Al alejarse de la encrucijada la multitud es menos compacta y algo más ordenada, menos violenta. Sir Archibaldo se pone a la par de una mujer que camina con gesto cansado y ausente, y le dice:)
_Oiga, usted, quiere decirme a dónde vamos?
_A comer.
_Soy Sir Archibaldo Reyn...
_No me importa. Y no quiero hablar, tengo hambre, estoy cansada y no quiero desperdiciar aire.
_A lo mejor si comparto con usted una manzana, se sentirá más dispuesta a charlar.
_Una manzana? Imposible!
(Sir Archibaldo extrae de su bolsillo una pequeña manzana azul oscuro, y se la ofrece; ella la toma y la mira asombrada)
_Una manzana! Y es de las azules, las que más me gustaban de niña...- y la devora lentamente hasta las semillas y el cabito, chupándose los dedos, entornando los ojos de placer.
_Ahora podemos hablar?
_Espere un par de horas, hasta llegar a la zona de comidación. No se aleje de mí o jamás volverá a encontrarme.
(Continúan caminando a buen ritmo; la mujer ha cobrado una nueva energía con la manzana azul, que es de las que traen feniletilamina, cafeína y azúcar extra. Sir Archibaldo tiene dificultades para seguirle el paso, reconoce que es mejor no hablar pues se queda sin aliento, está maravillado por la resistencia de aquella mujer pálida, lánguida y lacónica que avanza intrépida por los túneles. Por fin acceden a un espacio algo más despejado, con techos más altos, con mesitas por doquier y algunos sillones, divanes y camas a los lados; se sientan y unos brazos robóticos surgen de la mesa y les ofrecen a cada uno su bandeja de comidación correspondiente, atendiendo a colocar la cantidad exacta de comida que les indica una pantallita ubicada en el respaldo de los asientos inteligentes, que reconocen a cada comensal y calculan la ración que le corresponde consumir. Mientras mastica lentamente una especie de pasta de proteína de insectos, la mujer empieza a hablar)
_En estos túneles no tenemos más que tres ocupaciones: caminar, comer y descansar. Caminamos para comer, comemos para poder seguir caminando, descansamos porque es inevitable. El calor que generamos al movernos, los gases que liberamos al respirar, incluso nuestros desperdicios fecales y urinarios son recolectados del ambiente de los túneles para usarse como combustible o insumo en la producción de alimentos; la única condición para estar aquí es generar más recursos de los que se necesita para producir lo que comemos, para que pueda haber un pequeño excedente y se asegure la supervivencia del sistema. Y hay que comer lento y dormir siesta a continuación, para asimilar correcta y completamente los alimentos pues se nos da estrictamente lo necesario según las calorías que hemos consumido al caminar; no verá usted aquí a nadie con sobrepeso a menos que sea un recién llegado. Algunos dicen que es una forma muy saludable de vivir, y debe serlo porque, más allá de las drogas que ponen en el aire y en la comida, aquí casi nadie se enferma luego de acostumbrarse al estilo de vida. Al acabar la comidación y la siestación, se sigue caminando hasta llegar a la próxima zona de comidación, ubicadas cada una a exacta distancia de la anterior de tal manera que en el día una persona pueda recorrer tres tramos y ganarse tres comidas y tres descansos. Uno es libre de parar de caminar cuando quiera, pero a sabiendas de que no obtendrá comida ni un buen descanso hasta no acabar su camino de forma adecuada. Algunos intentan dormir más y caminar menos para necesitar solamente una o dos comidas al día, pero en general desisten del procedimiento al notar que el hambre se apodera de ellos de tal forma que les impide descansar. Los más viejitos que ya no logran caminar lo suficiente son quitados de los túneles en algún momento sin que nadie lo note, tal vez secuestrados en los baños (único lugar donde tenemos una relativa privacidad), y algunos dicen que los usan para la pasta de proteína que comemos al día siguiente, para lo cual todos los que estamos aquí hemos sido previamente obligados a firmar libremente un contrato que habilita a la Oficina de Tunelística y Comidación a hacer de nosotros lo que se le antoje sin limitación alguna.
_Pero, era necesario hacer todo esto en túneles subterráneos?
_Sí, para controlar al detalle nuestros gastos y producciones de gases de efecto invernadero, la evaporación de nuestro sudor, la saliva que escupimos al piso; tiene que mantenerse un sistema cerrado para asegurar la máxima eficiencia. Afuera, al aire libre (ya de solo pensar en eso me siento asustada) estaríamos en un continuo intercambio incontrolado de calor y subproductos con el ambiente sin ton ni son, horrible. Ya terminé de comer, mi ración fue muy pequeña, supongo que porque notaron lo de la manzana que usted me dio...
_Puedo darle de la mía, si quiere, esto no me sabe a nada...
_No, gracias, simplemente achicarían mi próxima ración; entiéndalo: aquí es imposible dar algo a alguien sin que el entorno lo vuelva a quitar para equilibrar y normalizar el metabolismo de todos los caminantes. Incluso es seguro que vendrán a buscarlo de un momento a otro, ya que usted metió de contrabando una manzana azul... por eso debe ser que su porción es grande, usted trajo algo al ambiente cerrado de los túneles y se le está devolviendo; cuando acabe de comer y recuperar lo que trajo y lo que gastó caminando, lo retirarán del ambiente sin que quede rastro alguno de usted y lo que trajo. No puede dejar nada ni llevarse nada, no puede alterar nada. Y los que estamos aquí aceptamos eso y nos parece adecuado porque es posible y es sostenible. Un sistema que puede durar debe durar.
_Pero no tienen siempre hambre?
_Un poco, pero tenemos siempre la seguridad de que comeremos al cabo de nuestra caminata; allá afuera no siempre puede decirse lo mismo, según recuerdo; cuando yo era niña viví afuera y ahí sí que pasé hambre, días y días caminando sin vislumbrar una mísera migaja de nada...
_Entiendo. Pero hay algo que llama mi atención: en ningún sitio veo empleados o encargados, no hay nadie aquí que explique o controle...
_No es necesario: hay una sola regla y te la dicen antes de entrar, eso de consumir apenas menos de lo que produces. Además tener encargados o empleados aquí abajo haría todo más difícil de controlar, los empleados o encargados alterarían el equilibrio del ambiente, pues ellos en vez de solo caminar de una zona a otra, comer y descansar, andarían haciendo otras cosas más complejas que entorpecerían los cálculos y que implicarían un mayor gasto de energía para que el sistema completo funcione. Por estos túneles, que son prácticamente infinitos y que incluso se siguen agrandando a diario, circulamos casi una quinta parte de la población total, la magnitud de los números manejados es abrumadora y no debe complicarse más de lo estrictamente necesario. Entienda que parte de la eficiencia se obtiene a costa de la simplicidad, no como antes del reseteo cuando pensaban que para ser eficientes había que crear una comisión que discutiese sobre la eficiencia. Ahora debo ir a dormir para seguir caminando. Si quiere puede dormir junto a mí, usted me cae bien, pero no habrá más charla, ni actividad sexosa, para ahorrar energías y fluidos.
_Sería un placer, pero algo me dice que no se va a poder -dice Sir Archibaldo mientras unos brazos robóticos bajan desde el techo y lo levantan por las orejas-; si un día sale a la superficie, búsqueme, todos saben quién soy...
_Jamás iré a la superficie, allí es todo demasiado espantoso.
(Los brazos sacan a Sir Archibaldo del túnel, lo desmayan de un sopapo y lo lanzan por un tubo rumbo a su próxima aventura).

