(Estamos ante el portón de entrada de una Institución Educatoria; una marea indistinta de estudiantes y profesores bulle por doquier entrando y saliendo por el portón pero también por entre o sobre las rejas, por las ventanas, escalando muros o trepando árboles del ornato público para luego saltar dentro. El guardián de la entrada en tanto duerme roncando sonoramente, apoyado en el marco de la puerta; alguien le ha pintado groserías por toda la cara y le han quitado su rifle de asalto reglamentario y se lo han cambiado por un palo de escoba. Desde una alcantarilla sale entonces el insigne caballero Sir Archibaldo Reynolds y se dirige en línea recta al guardián durmiente)
-Despierte, bestia sutil y profética, cumpla con su misión de asustar y repeler a quienes buscan hincar el diente a la jugosa manzana podrida del saber.
_ Eh? Lo qué? No sé de qué habla, esto es la institución educatoria número siete siete ocho dos A, pase hombre y déjeme trabajar, si es estudiante vaya por este lado, y si es profesor vaya por ese lado, o a lo mejor era al revés, no sé…
Sir Archibaldo se mete a la institución educatoria mientras el guardián vuelve a dormirse. Los pasillos atestados de papeles, botellitas y restos de comida, dan testimonio del éxito pedagógico alcanzado recientemente: los estudiantes están tan absortos en su aprendizaje que ni siquiera advierten dónde depositan su basura o dónde dejan sus cosas, según un estudio recientemente realizado y difundido por las autoridades gubernacionales delegadas del poder gubernamundial. El insigne caballero Sir Archibaldo elige al azar una puerta y entra.
Unos sesenta alumnos de distintas edades están sentados en cajones de madera, sillas viejas de playa, almohadones o en el suelo, miran sus celulares o tablets o radiorelojes o duermen a pata suelta; algunos fuman o toman mate o bebidas energizantes, mientras un profesor de barba y cabellera blanca duerme acostado sobre el escritorio, ataviado de su pijama y con un osito de peluche entre sus manos. En el fondo un grupito ha encendido un fuego y están preparando un asado sobre una parrilla improvisada con las varillas de un asiento.
_Profesor - dice Sir Archibaldo- puedo hacerle una pregunta?
_Vuelva a su asiento, no moleste y le pongo una A+ o algo así- responde el durmiente, con lo que Sir Archibaldo va y se sienta en una esquina, contento de estar sacando al fin buenas notas por una vez en la vida; alguien lo convida con un fuerte brebaje que sabe a vino carcelario, donde flotan algunas pastillas de colores fluorescentes. Al cabo de unos minutos cae en trance debido a las pastillas y cuando despierta un par de horas después tiene frente a sí un papel que certifica que ha cursado y aprobado todos los cursos de forma satisfactoria y hasta con honores. Al incorporarse y salir tambaleándose al patio, se cruzó con los dos directores de la institución, ambos vestidos con equipos deportivos grises y gastados; hablaban al unísono y se movían muy coordinados; tal vez uno de los dos fuese una marioneta del otro, o tal vez ambos lo fueran.
_Vimos que acaba de graduarse. Felicitaciones.
_Gracias, ha sido realmente una experiencia enriquecedora el cursar aquí mis estudios. Deben estar orgullosos de su trabajo, están haciendo algo muy bueno aquí, y muy importante…
_Por supuesto. Pero vamos a lo más importante: ¿quiere usted conseguir trabajo? Es decir, acaba de terminar sus estudios y sería lógico pensar en aplicar todo ese conocimiento adquirido a alguna labor productiva y provechosa. De otro modo estudiar sería algo muy estúpido.
_Claro que sí, ciertamente ardo en deseos de entrar en la nómina de una gran empresa y dedicar mis horas a acrecentar índices de producción y márgenes de ganancia a cambio de una magra remuneración más simbólica que otra cosa.
_Perfecto, no esperábamos menos de usted. Por aquí.
(Lo empujan por un tubo neumático que lo transporta hacia un patio empedrado repleto de personas recién graduadas, que rellenan formularios y hacen filas; en ese momento el efecto de las pastillas comienza a bajar, y Sir Archibaldo resuelve que es mejor saltar el muro y volver a la calle. Localiza una tapa de alcantarilla y vuelve a desaparecer bajo el asfalto).

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