sábado, 26 de agosto de 2023

Postapocalíptico y desintegrado; desplazamiento por una plaza de desplazados.

 


(Estamos en la Plaza Amigable 27 de Otoño, es de noche y la escena es dominada por una gran fuente central, apagada o rota, llena de niños, niñas y animales de granja que medio duermen donde pueden; el espacio circundante está abarrotado de personas en situación más o menos de indigencia: algunos son adolescentes pernoctando fuera de casa, otros son comerciantes callejeros de productos inútiles o insignificantes, apenas distinguibles de los que directamente mendigan o rebuscan entre la basura de los contenedores y el suelo; hay también alguna que otra escena de intercambio sexual remunerado, en los espacios apartados y oficialmente reservados a tales fines; si miramos hacia los lados podemos alcanzar a ver los bordes de la Plaza Amigable, donde las personas que circulan fuera suelen depositar sus limosnas, donaciones de ropa, ofrendas o basura comestible, animales de cría o de compañía, cada cosa en su Receptáculo Solidario correspondiente predeterminado. Algunos dirían que estos Receptáculos Solidarios, enormes y metálicos y rematados con alambres de púas, forman un verdadero muro de contención alrededor de la Plaza Amigable, como si se tratase de alguna especie de recinto de encierro similar a las antiguas cárceles, ya obsoletas. Ejecutando un triple salto mortal por sobre el muro, digo, por sobre los Receptáculos Solidarios, aparece y aterriza en un pie el insigne caballero Sir Archibaldo Reynolds. Mira a su alrededor y sacude con vigor a uno que duerme en el suelo con la espalda apoyada en el Receptáculo Solidario verde, el destinado a recibir animales pequeños, bebés y envases de vidrio.)


-Eh, usted, no se haga el dormido, yo sé que me estaba esperando.

-¿Lo qué? Yo no...

-No importa, ya llegué y usted me va a mostrar y explicar todo lo que yo quiera.

-¿Y después sigo durmiendo, ta?

-Por ahora diré que sí. Venga conmi... Vaya, es difícil caminar entre tanta gente acostada en el suelo, apenas conseguimos avanzar.

-Por eso caminamos poco acá dentro.

-Me imagino.

-Lo que no se imagina es que yo sé quién es usted, Sir Archibaldo, y soy un gran seguidor de sus aventuras.

-Ya veo. Entonces sabe lo que hago, lo que busco. Y ya que lo sabe, cuénteme, porque yo no estoy seguro de saberlo.

-Más o menos creo que podría explicarlo, no estoy seguro de lo que busca, pero sé lo que está generando.

-Explíquese.

-Usted, Sir Archibaldo, actúa como si sólo estuviese de paseo por el mundo nuevo este que tenemos desde hace años, y entiendo que de cierta manera lo está, todos estamos de paseo en el mundo; pero usted finge que no le importa nada, y al mismo tiempo se mete en todo; de todo pregunta, de todo saca información, y lo hace de forma aparentemente aleatoria, o tal vez sea aleatoria en realidad, pero yo sé que tiene un objetivo. Y ahora usted va a querer saber cuál es el objetivo que yo creo que usted persigue.

- Bueno, pero primero dígame cómo... cómo fue que se enteró de mi existencia, estando usted aquí dentro? ¿Acaso es un recién llegado?

-No, no, qué va, si llevo aquí como nueve o diez años ya. Lo que pasa es que aquí recibimos amigablemente todo lo que desde fuera amigablemente nos manden, y de todo obtenemos algún beneficio o derivado, de alguna manera reeditamos aquí dentro muchos de los procesos que existen allá afuera. Suponga que alguien arroja a la basura una revista, una hoja de periódico, un celular que se pueda reparar y enganchar a alguna red que logremos vulnerar con nuestros rudimentarios recursos; por uno u otro camino acaban llegando aquí los amigables desperdicios de todo, incluso de las noticias y de los sucesos; las noticias más espantosas o más ridículas, las fantasiosas notas amarillistas, las diatribas políticas y tribales, algunas publicidades, cuadernos y agendas de años pasados, las versiones abandonadas y lanzadas a la basura de gran cantidad de libros, guiones o textos académicos, las noticias censuradas, las estadísticas que no se publican. Su vida y sus andanzas, insigne caballero, son parte de esas historias marginales y noticias desechadas que llegan hasta nosotros. Y toda información circula aquí dentro; solemos estar quietos, como le dije anteriormente, pero nos contamos cosas continuamente durante las horas de luz: la información nueva llega desde los bordes y la hacemos circular hacia el centro; en el recorrido algunas cosas se modifican o se censuran, porque más al centro están los más jóvenes y los más impresionables; a veces llegan por distintos habitantes versiones diferentes de la misma idea o hecho, y uno tiene que recordar ambas y contar ambas a quienes aún no las sepan. Todos los que estamos aquí dentro hemos compartido tanta información que sería casi correcto decir que todos sabemos lo mismo, pensamos lo mismo, pero lo cierto es que la memoria de cada uno va haciendo una diferencia a lo largo del tiempo; hay algunos que se han especializado en determinados temas o en determinado método, que suelen ser consultados por otros cuando tienen alguna duda o inconveniente al procesar información nueva proveniente de fuera. Los habitantes amigables de aquí dentro somos como un gran cerebro, procesamos la información de desecho de ustedes, los de fuera, recordamos y pensamos por ustedes sobre los temas que ustedes desprecian o temen. El rumor continuo de nuestros intercambios de información durante el día es similar a la actividad neuronal, tejemos redes, asignamos funciones, asumimos roles, procesamos información. Por las noches, algunos hablan dormidos, y entonces la Plaza Amigable sueña. Le regalo esa imagen entre poética y onírica. Y ahora supongo que ya se va.

-¿Por qué supone eso?

-Porque ya le expliqué lo que usted quería saber; no vino a preguntar por la basura o por los animales, vino a saber sobre la forma en que vivimos aquí, vino a entenderme a mí, a un habitante, y al explicarle cómo soy, cómo somos, ya está satisfecha su necesidad.

-Pero aún no me ha dicho cuál cree usted que es mi objetivo, qué piensan ustedes, Habitantes Amigables de la Plaza Amigable 27 de Otoño, sobre lo que hago.

-Ah, eso. Bueno, nosotros creemos, o yo creo, que su objetivo es recabar información suficiente como para saber dónde es posible asestar un golpe certero que arregle el mundo sin consecuencias negativas, como si el mundo fuese una de esas viejas televisiones que se acomodaban con un sopapo pero había que saber dónde y cómo dar el sopapo; a veces quiero que lo logre, que arregle el mundo, a veces quiero que no; la mayor parte del tiempo pienso que es imposible, y muchas veces tengo otras cosas mejores en qué pensar.

-Su vida, la forma en que la describe, es fascinante, maravillosa y horrible al mismo tiempo; pero a decir verdad... creí que ustedes estarían de mi lado, que intentarían apoyarme cuando llegue el momento de hacer un cambio.

-No me venga con bobadas. Su accionar no nos salvaría de nada, no nos daría nada más que escombros y restos, como siempre, ni nos sacaría de aquí.

-¿Incluso si ya no hubiese un aquí? ¿Si ya no hubiese Plazas Amigables viviendo del desperdicio de los otros?

-Siempre habrá, o al menos hasta que el mundo entero sea una Plaza Amigable viviendo del desperdicio de un mundo anterior, que no sería salvarnos a nosotros sino condenarlos a todos. Ahora, antes de irte, dame tus zapatos.


(El insigne caballero Sir Archibaldo Reynolds se va, escalando uno de los muros y saltando por encima, descalzo. El Amigable Habitante se vuelve a acostar en el suelo allí mismo, usa los zapatos como almohada y se duerme. De a ratos habla dormido, menciona el nombre de Sir Archibaldo, y entonces toda la plaza sueña.)


lunes, 21 de agosto de 2023

Postapocalíptico y desintegrado; vamos a la playa.

 


(El sol está todavía pegadito al horizonte y aún no se decide a terminar de amanecer; todavía unos segundos más; en la Playa Social Recreativa de Consumo Obligatorio un empleado gira el cartelito de ABIERTO y una repentina multitud de gentes con sombrillas, ventiladores solares, mascotas, víveres, aceites y lociones, juguetes y enseres mil llega y ocupa todo el espacio disponible o visible, tanto en la arena como en el agua; desde el fondo vemos que llega y desembarca el insigne caballero Sir Archibaldo Reynolds, que arremete con su embarcación entre la muchedumbre, encalla la quilla en la arenilla de la orilla, salta sobre la borda y procede a clavar en el arenoso suelo una bandera con sus iniciales, ante la atónita mirada de los Guardavidas y los alaridos de un señor que había llegado entre los primeros para tener espacio suficiente para estar acostado bocabajo justo en el sitio donde el otro vino a clavar la bandera.)


_No se preocupen, no vengo a conquistarlos ni nada, es mi sombrilla que en el manual de instrucciones decía que hay que clavarla así, llegando en barco; yo jamás usaría una sombrilla sin antes leer bien el manual de instrucciones. Igual estaba todo en chino o coreano así que tampoco estoy tan seguro de lo que decía, yo más que nada me fui guiando por los dibujitos que traía el manual, que también estaban en chino pero se entiende bastante si uno tiene mi facilidad para las lenguas- y procedió a sacar la lengua para que todos la viesen.


(Dos guardavidas grandotes con ropa anaranjada y poca, se le acercan)


_Bienvenido a la Playa Social, debió usted ingresar por aquel lado como todo el mundo luego de pasar la revisión de los papeles permisos y sobornos necesarios...

_Es que no traigo papeles porque no los tengo, no pido permisos porque no preciso, y no pago sobornos porque ando sin plata.

_Si no tiene los papeles no podremos comprobar que está usted en su período obligatorio de vacaciones y deberemos proceder a echarlo de la Playa So...

_No estoy de vacaciones, ni obligadas ni voluntarias; me presento: soy Sir Archibaldo Reynolds y estoy en un viaje personal de descubrimiento de la sociedad y del mundo etcétera etcétera. Mi imposibilidad de estar de vacaciones se desprende mayormente de mi carencia de trabajo o empleo.

_Ah, sí, algo escuchamos, pero no nos importa; acá estamos en la Playa Social y no debemos pensar en las cosas que hemos oído allá afuera, allá está el estrés y acá está la relajación, la calma, la tranquilidad, acá las personas vienen a olvidarse de todo y de-ses-tre-sar-s-e, o si no los multamos, acá no se puede pensar en esas cosas. Si quiere le doy la lista de las cosas en que no se puede pensar acá, pero la tiene que ir a leer a otro lado.

_Bueno-dijo Sir Archibaldo- pero si no estoy de vacaciones puedo pensar en lo que yo quiera y hasta si quiero puedo preocuparme o estresarme, verdad?


(Los guardavidas revisan el reglamento por un par de minutos; la multitud a su alrededor sigue de cerca el caso, observan todo y sacan fotos; hay muchos vendedores de helados y alfajores y pañuelos y adornitos que pechan gente con sus cosas todo el tiempo; el calor aumenta muy rápido; alguien aplaude porque perdieron a un niño y otro dice que no da para aplaudir a los padres por perderlo, que está bien pensar que actuaron bien pero tampoco aplaudir. Sel insigne caballero Sir Archibaldo Reynolds abre la sombrilla y se apresura a meterse bajo la sombrita y procede a comprar unas bebidas, unos alfajores, un café de frutilla y un tabaco playero a algunos de los vendedores. Los guardavidas acaban de leer el reglamento completo por tercera vez consecutiva)


_No sabemos. Nuestro reglamento solamente habla de las reglas que se aplican a la gente que viene a la Playa Social a cumplir con su cuota obligatoria de vacaciones en la playa, ya sabe cómo es eso, para cumplir con los objetivos de consumo de este quinqueño trimestral anual bisiesto.

_Me está diciendo que toda esta gente está acá por obligación, porque están de vacaciones y durante sus vacaciones los obligan a venir acá.

_No, de ninguna manera, nadie los obliga a venir durante sus vacaciones, pero para la mayoría son los únicos días que pueden venir, porque la Playa Social permanece cerrada los fines de semana y los feriados y adherimos a todas las huelgas planificadas por el Gobiernamiento Actual. Además cada uno de ellos está obligado también a ir al cine o al teatro, a hacer un curso de algo y a concurrir a dos restaurantes y tres centros comerciales, además de las horas mínimas exigidas que deben cumplir de uso de medios y producción de carbono. Tenga en cuenta que nos pasamos tanto tiempo reduciendo la huella de carbono que al final nos pasamos para el otro lado y necesitamos urgentemente aumentar y sobre todo controlar milmétricamente las emisiones y recaptaciones de gases varios. Y piense que la gente no tiene más de cuatro o cinco días de vacaciones al año y quieren estar acá solamente uno o dos días para poder ir a cumplir los otros disfrutes obligatorios de consumo.

_Entiendo, ajá, lógico.

_En cuanto abrimos se llena porque todo el mundo quiere cumplir sus cuatro horas mínimas e irse, y si vienen más tarde el sol de mediodía es fulminante y muchos sufren quemaduras espantosas o mueren calcinados sin más por querer quedarse unos minutos extra para sacar tal o cual foto; después de las diez ya queda poca gente, muchos se van antes de cumplir la mínima y tienen que volver a la tarde, corriendo el riesgo de que esté llena y no los dejen entrar, pero nosotros siempre los dejamos porque para nosotros mejor: hay tante gente que nadie se ahoga, nadie está lo suficientemente lejos de otro como para que eso ocurra.

_Pero entonces no se necesitan los guardavidas.

_Pero tenemos contratos y efectividad, y además cada tanto nos metemos entre la gente y sacamos a uno o dos diciendo que se estaban ahogando, mientras las personas felices nos sacan fotos, y como los sacamos tomados por el cuello ellos no pueden desmentirnos; estamos a punto de lograr que se nos pague un extra por cada ahogado que saquemos y ahí le aseguro que esto va a ser una mina de oro...

_Bueno, muy linda su explicación y todo pero yo vine a disfrutar de la playa y pensaba estar solo un rato.

_Jajajajajajaja...

_No sé, al menos hacer un castillo de arena...

_Están prohibidos terminantemente los castillos de arena en toda la zona con arena. Porque después los inmigrantes o los indigentes se meten a vivir dentro de los castillos de arena y no hay quién los saque. Algunos vienen y les sacan fotos.

_Y qué se puede hacer en esta playa? Si logra llegar hasta la orilla mójese un poco los pies, no es una sensación tan desagradable; y siempre puede y de hecho debe comprar cosas a los vendedores ambulantes y sacar fotos.

_Preferiría no hacerlo- dice el insigne caballero Sir Archibaldo Reynolds y saltando sobre la sombrilla la usa como trampolín para volver a caer dentro de su embarcación, mete reversa, desparrama bañistas a su alrededor mientras la gente le saca fotos, y vuelve por donde vino.


domingo, 20 de agosto de 2023

Postapocalíptico y desintegrado; preso sorpresa y guardia de vanguardia.



(Es el patio de una Institución Social de Hospedaje Transitorio Forzado; al fondo unos presos vestidos a franjas fluorescentes hacen pesas y calistenia con disciplina y dedicación, bajo la atenta mirada de los guardias que están allí armados de sus rifles, cachiporras y tasers para vigilar que los presos mantengan una postura adecuada al realizar los ejercicios y tomen agua, con el fin de evitar lesiones y maximizar beneficios; en el suelo de tierra del patio se abre discretamente un hoyo que se ensancha silenciosamente hasta alcanzar un diámetro suficiente para que el insigne caballero Sir Archibaldo Reynolds asome su cabeza y tras ella todo su envoltorio corporal; Sir Archibaldo sale por completo, se sacude un poco, tapa el hoyo echándole tierrita con el pie y con una pala que traía; luego dobla la pala y la guarda en su bolsillo posterior izquierdo.)
_ Alto ahí o disparo!- dice uno de los guardias, luego de disparar un par de veces.
_ Quieto, quieto, sshshshsshsh, buen chico, buen chico, tranquilo, tranquilito, así, así- dice Sir Archibaldo y logra llegar hasta el guardia y mirarlo a los ojos; entonces el guardia tiembla, moquea y rompe en llanto, se abraza a Sir Achibaldo y éste le dice:
_ Tenés que tomarte unos días libres, necesitás pensar en tantas cosas… vení, si intercambiamos ropas y me pongo a pasear por acá con tu uniforme nadie se dará cuenta de que soy un visitante y nadie notará que abandonaste tu puesto; tomate un par de días y volvé el lunes o martes, que acá voy a estar.
_Gracias, volveré.
(Se va y Sir Archibaldo empieza a jugar a los vaqueros con las armas del guardia; luego camina hacia unos huéspedes forzados que juegan al ajedrez).
_Demoran mucho en cada jugada- observa Sir Archibaldo luego de unos minutos.
_Es que el tablero nos mete choques eléctricos si hacemos un movimiento erróneo.
_Ya veo. Creo que debería mover el caballo a b3.
_Lo intenta… aaarrrrgggghhhhh!!!- grita el jugador, que acaba de recibir 180 vts en los tobillos.
_Lo siento, mejor no me meto más.
(Por el costado, atravesando un muro, irrumpen tres boqueteros munidos de gruesos mazos de acero, que en segundos reducen el muro a polvillo blanco; luego posan para unas fotos mostrando sus mazos marca Facme, al tiempo que aparecían para felicitarlos el director de la institución y el gerente de marketing; por la charla subsecuente entre los cinco personajes y por el lenguaje corporal de todos ellos, Sir Archibaldo dedujo que el que verdaderamente dirigía todo allí era el gerente de marketing, y a él se dirigió cuando los fotógrafos desaparecieron.)
_Debo felicitarlo por cómo marchan aquí las cosas y por cómo no se marchan de aquí las personas, pero lamentablemente también debo importunarle con un par de preguntas- dice Sir Archibaldo al tiempo que se quita el disfraz.
_Vístase, por favor, no es necesario quitarse el disfraz: ya sabíamos que era usted, lo estábamos esperando.
_Me alegra saberlo, supongo entonces que tendrán algo preparado para agasajarme como merezco.
_Claro que sí, pase a mi oficina.
_Prefiero que su oficina venga a nosotros.
_Como guste.
(Viene la oficina y se instala alrededor; se sientan; un robot doméstico Facme le acerca a Sir Archibaldo una mesita con múltiples bebidas y sustancias; él mete en una coctelera una rana, tres o cuatro chorritos de algunas botellas, una pastilla de menta, mezcla todo y se lo bebe con un popote de bambú que se autodestruye a los 20 segundos sin dejar huella de carbono)
_¿Y a qué debemos el honor de su visita a nuestra institución?
_En primer lugar estoy haciendo un estudio filosófico empírico de la actualidad y eso incluye un recorrido sumamente pintoresco por instituciones, recintos y situaciones variopintas que harían las delicias de una sitcom; en segundo lugar, bien, mucha gente me ha dicho a lo largo de los años que yo debería estar preso y quise venir a ver, por las dudas.
_Es entendible; bien, usted dirá.
_¿Por qué estaban derrumbando paredes hace un rato?
_Oh, eso es parte de nuestro sistema de reclusión ventilada; hemos oído comprobar que las instituciones de hospedaje forzoso que poseen una mejor ventilación y una mayor circulación del aire son más eficaces, y son más afines a la energía positiva según el feng-shui.
_¿Y los presos no se escapan?
_Sí, claro, la mayoría se escapa, y esa es justamente la clave de nuestro éxito. Los evadidos que afuera la pasan muy mal porque fracasan en sus intentos delictivos, acaban volviendo a meterse a nuestra institución por su propia voluntad porque aquí al menos cuentan con comida, patio de ejercicio, cobertura médica, ludoteca y drogas, y el contacto con otros delincuentes les ayuda a pulir sus habilidades y mejorar sus oportunidades para la próxima vez que tengan ganas de escaparse; los que estando fuera tienen éxito y deciden no volver, al menos se convierten en ciudadanos productivos que más o menos pagan impuestos y contribuyen a que no decaigan los índices de consumo y actividad comercial.
_Ya veo. Es brillante. Entiendo además que ya no existen aquí problemas con la violencia de los presos.
_Muy cierto, y en realidad fue fácil: organizamos nosotros mismos una cantidad enorme de motines, riñas y peleas, tantos que no hay tiempo para que se suscite alguna expresión de violencia espontánea por fuera de nuestro control. La mayoría de los presos se la pasa evadiendo situaciones violentas artificialmente impuestas, en realidad. Nuestro slogan en ese entonces, cuando iniciamos el programa, era “Problemas con la violencia? La solución es la violencia sin problemas”, fue uno de mis primeros slogans exitosos y me hizo merecedor de un par de ascensos y de mi segunda ex-esposa.
_¿Y la comida aquí es buena?
_No lo sé en realidad, pero en varias aplicaciones le han dado un promedio de dos estrellas y media.
_¿Y las habitaciones, qué tal están de higiene y comodidades?
_Sólo insectos de primera categoría, roedores nunca antes de que oscurezca y cero serpientes desde hace más de dos meses.
_Pues no me está resultando tan tentadora ya la idea, para ser honesto.
_Déjeme hablarle ahora de nuestra propuesta transversal pedagógica multidisciplinaria: tenemos un taller de teatro.
_Interesante. ¿Y qué más?
_Eso es todo.
_Oh.. y qué obras han montado?
_Ninguna hasta ahora, que yo sepa, pero eso es lo de menos, hombre, no se da cuenta, lo importante es que mientras ensayan o actúan no son ellos, son otros, son libres mientras actúan y entonces nosotros podemos bajar los números de nuestra población y mejorar las estadísticas.
(Mientras hablan, uno de los muros es atravesado por los boqueteros y sus mazos, que caminan cuidadosamente a través de la oficina, piden disculpas por la interrupción tan inconveniente como indeseada, atraviesan el muro de enfrente y salen seguidos por los fotógrafos)
_Otra pregunta que quisiera hacer es sobre lo del ajedrez y los choques eléctricos…
_Una maravilla revolucionaria; en pocas semanas los usuarios no sólo aprenden a meditar muy bien cada decisión que han de tomar en sus vidas, sino que además salen convertidos en maestros del ajedrez de clase mundial, alguno queda levemente traumado, no vaya a creer que no, pero nada tan grave. Algunos vuelven cada tanto para practicar sus jugadas y probar variantes nuevas.
_Entiendo. Bueno, eso es todo y no lo molestaré más.
_¿No prefiere quedarse y jugar unas partidas? ¿O hacer pesas un rato? Están por servir la chocolatada sicotrópica...
_En realidad tengo que seguir mi recorrido, de otro modo sería un gusto quedarme, realmente. Lo que más me apena de irme es que voy a traicionar la confianza de un pobre guardia que me cedió su uniforme confiando en que yo le cuidaría el puesto hasta que él volviese.
_Por eso no se preocupe…
(El gerente de marketing se quita el disfraz dejando ver que en realidad él era el guardia que horas antes había dado las ropas a Sir Archibaldo)
_Vaya giro inesperado- dice Sir Archibaldo, y acto seguido se quita el disfraz dejando ver que en realidad era el gerente de marketing; él y el guardia se miran, y comenzamos a dudar de que Sir Archibaldo haya estado realmente allí en algún momento.

viernes, 18 de agosto de 2023

Postapocalíptico y desintegrado; el sacro oficio del sacrificio.




(Es el hall de entrada de la Central de Sacrificios Humanos; el portero está dormido recostado a una columna, el perro guardián a su lado se lame los genitales con fruición; llega trotando el insigne caballero Sir Archibaldo Reynolds y le pega un grito al portero durmiente)


_Eh, usted, despierte, inmanente pedazo de inútil.

_A su servicio señor, disculpe, señor, desea entrar el señor?

_Quiero una visita guiada.

_Venga conmigo, señor.

_Pero la quiero sin guía, así que usted aquí se queda.


(Sir Archibaldo entra; el espacio es bastante reducido y en cada pared hay varias puertas que llevan a respectivos pasillos que suben o bajan con escaleras y rampas bastante inverosímiles; hay un grupo de unas doce personas allí esperando, alguno se aventura cada tanto en alguna de las puertas y pasillos y se pierde pronto de vista. Sir Archibaldo escoge una puerta cualquiera y entra; algunos minutos después llega a una pequeña oficina donde un burócrata le habla sin mirarlo)


_Nombre…?

_Sir Archibaldo Reynolds.

_Ah, usted! Ya es toda una sensación entre los funcionarios y gerentes, me preguntaba cuándo tendríamos el honor de recibirlo.

_Me imagino.

_Si quiere le explico cómo funciona este lugar; puede pedir café, refresco, alcohol… al final todo tiene las mismas drogas y el efecto es el mismo, pero los sabores y texturas son a su elección…

_Un café bien frío y un refresco cola caliente. Y una caja de cigarros.


(Un subalterno sale de uno de los cajones del escritorio del burócrata, le sirve a Sir Archibaldo lo pedido con meticulosa amabilidad servil, y vuelve a su cajón con una inclinación)


_Le explicaré cómo funciona nuestro Sistema de Sacrificios Voluntarios, o SSV…

_Déjeme adivinar: al llegar todos sienten que tienen que elegir una puerta, la correcta, para llegar a un lugar determinado, y luego de elegir y subir y bajar un rato llegan a una oficina cualquiera, como esta, donde se les hace creer que han elegido la única opción correcta y que han sabido llegar a la oficina exacta, al lugar apropiado, que son únicos y especiales, que son los Elegidos excepcionales capaces de salvar al mundo con su sacrificio voluntario; después les hacen firmar un papel de apariencia sacra que no es más que un contrato, y los matan.

_Acertó bastante, Sir Archibaldo, aunque no los matamos sino que se sacrifican tomando un comprimido, uno como este que tengo aquí; por lo demás acertó, le felicito; es más, le digo que es admirable, usted es algo único y especial, señor…

_No se moleste, no me convencerá de sacrificarme…

_Pero, piénselo: alguien como usted, que se ha hecho conocido por sus particularidades, alguien que es digno de atención, afecto y hasta admiración de parte de las masas y las élites, alguien ejemplar por sus valores y principios; si se supiese que alguien como usted ha aceptado el SSV, la publicidad sería enorme, tendríamos miles de millones de voluntarios esperando al abrir mañana en la mañana, haríamos realmente una diferencia enorme y reduciríamos la tasa de sobrepoblación latente al menos en un 4,3% en menos de un trimestre. Usted puede salvar al mundo, Sir Archibaldo.

_Sí, bueno, mucha gente puede cosas todo el tiempo, a mí no me interesa salvar al mundo, sacrificarme y todo eso.

_¿Entonces a qué viene esta visita? Incluso escuché que empezó este recorrido por las oficinas públicas en el Monte Suicidio, donde estuvo a punto de…

_Es un mundo libre, puedo cambiar de idea cada vez que quiera, y de hecho pienso hacerlo. He venido no a sacrificarme sino a aprender de ustedes, son una de las pocas reparticiones del gobierno que realmente está haciendo un buen trabajo.

_¿En serio lo dice?

_Claro; he estado visitando todo tipo de lugares y hablando con directores, gerentes y porteros; nadie tiene idea de lo que está haciendo, es un caos allí afuera. Ustedes son los únicos que logran hacer una diferencia y atacan un problema real de una forma real y efectiva. ¿Cuántas personas se han sacrificado aquí en el último año?

_Unas 758126 personas hasta ayer; todo ellos en edad de reproducirse aún. Pero… bueno, el mérito no es nuestro, sino de las campañas de publicidad que…

_No se quite el crédito; todos ustedes trabajan sin descanso para aminorar los males del nacimiento y la vida, y en especial usted.

_¿Yo, señor?

_Por supuesto; tiene usted los mejores números y el mejor desempeño de toda esta sección.

_No lo sabía, señor.

_Porque es información reservada, a la que accedí en una de mis visitas precedentes a un organismo estatal secreto del que no tengo permitido hablar. Pero hay muchos ojos en usted, se espera mucho de usted.

_Vaya, no lo esperaba, pero es un honor, sólo dígame lo que hay que hacer…

_Usted sólo debe sacrificarse; el efecto será enorme: un burócrata modelo, tan convencido de su trabajo que realizó sobre sí mismo un SSV, será noticia en todos lados, será puesto como ejemplo hasta en los niveles más altos y las multitudes seguirán su ejemplo; usted solito habrá salvado para siempre al mundo y reivindicado el papel de esta sección, el lugar del sacrificio humano voluntario dentro de un mundo civilizado…


(El burócrata firma unos papeles y se toma el comprimido; muere. Sir Archibaldo se guarda algunos comprimidos en el bolsillo, y vuelve atrás por el pasillo hasta la sala de espera y de allí sale a la calle.)


lunes, 14 de agosto de 2023

Postapocalíptico y desintegrado; demos-cracias a Dios.

 




(Ahora estamos en una Base de Votación Gobernatoria Ciudadana; por estas horas se realizan las elecciones de medio término, segunda parte de la fase tres de la ya clásica Elección Eterna; el día de hoy se vota el nombre de los candidatos a concejales (no los candidatos, sino el nombre de los candidatos, como ser Jacinto o Prudecindo, por lo que quien quiera ser candidato deberá llamarse así o cambiarse el nombre expresamente), el número de asesores que podrán tener y el corte de saco que deberán usar al menos durante los primeros seis meses de su intento de asumir el cargo. Los candidatos a candidatos aparecen sonrientes en cartelería profusa y, en buzones instalados debajo de cada retrato, se pueden dejar las propuestas y petitorios realizados, junto con la humilde y voluntaria ofrenda pecuniaria en billetes o tarjetas precargadas de débito; sobre todo ellos se aprecia la gigantografía de Santa Democracia, la Diosa Fortuna en su versión más novedosa y popular; uno de los carteles se despega en una esquina, el papel se inclina hacia adelante y del espacio entre el mismo y la pared sale el insigne caballero Sir Archibaldo Reynolds en dos dimensiones, se infla a sí mismo mediante el consabido acto de ponerse un pulgar en la boca y soplar hasta quedar de tres dimensiones, se tantea los bolsillos buscando la credencial cívica y se aproxima a una de las mesas del circuito)
_Hola, he olvidado mi credencial o tal vez la extravié, pero...
_No es problema, aquí mismo le damos una nueva; su nombre es...?
_Soy sir Archibaldo Reynolds.
_Entiendo, aquí tiene su credencial nueva, lo felicito por lo bien que salió en la foto, ahora pase por ahí, escoja un candidato y trace una X en el circulito que le corresponde, luego deposite la hoja de votación en los tachos de basura colocados a tales efectos junto a la puerta, realice su ofrenda y pida un deseo, si quiere, y en un par de semanas le estamos llamando para avisarle si ganó algo; hoy se sortea una bicicleta entre los primeros cien que voten.
_Supongamos que quiero votar anulado, cuál sería el procedimiento...?
_Oh, eso es imposible. Con el sistema nuevo usted ya ha votado por algún candidato por defecto, hasta que venga aquí y emita su voto, que puede coincidir o no con lo que se le había asignado. Pero no puede votar anulado: puede dejar lo que el algoritmo le hizo votar, o cambiar por otro candidato, pero nada más. Todos los que se abstienen de votar están dejando que su voto sea el que decidió el algoritmo basado en estadísticas y proyecciones en modelos de simulación matemática.
_Pero entonces, incluso si absolutamente nadie votase, algún candidato ganaría igual.
_Por supuesto, esa es la idea. De hecho y según los datos apenas vota alguien de vez en cuando, la mayoría confía en el algoritmo o directamente ni se enteran. Más desde que la elección es eterna y continua. Cada día, cada semana, cada mes, se vota alguna cosa y se dirimen importantes cuestiones gracias a nuestra democracia impertinente, la primera y única democracia en el mundo que dejó de depender de algo tan volátil como los votos de la gente. Ahora es mucho más serio el sistema, más confiable, menos humano. Los candidatos que salen elegidos deben luego lograr acceder a sus puestos de gobierno venciendo a los que ostentan el cargo anteriormente, puede ser en lucha libre, a los tiros, en una carrera de velocidad, una payada de contrapunto o una prueba en patineta, lo que sea que ambos acepten y sea espectacular para el público. Con los derechos de televización de las competencias se gana dinero para llevar adelante los proyectos prometidos o necesarios.
_Ok. Pero si voto, me puedo ganar la bicicleta, verdad?
_Claro. De hecho tiene una gran probabilidad de ganar, hoy sólo votaron usted y dos personas más.
(Sir Archibaldo va hasta el tacho-urna y deposita allí un papel doblado que extrae subrepticiamente del bolsillo, donde se guarda la hoja de votación con los nombres de los candidatos, sale a la calle, se aleja un poco y toma el papel entre sus manos, para ver los nombres de los candidatos, para ver quiénes son y si puede averiguar algo sobre ellos de alguna manera; para su sorpresa, uno de los candidatos es él mismo, y según las encuestas tiene muchas chances de ganar).
Puede ser una imagen de cobre, escultura y bobina
Todas las

viernes, 11 de agosto de 2023

Postapocalíptico y desintegrado; aprender a no aprender.


 


(Estamos ante el portón de entrada de una Institución Educatoria; una marea indistinta de estudiantes y profesores bulle por doquier entrando y saliendo por el portón pero también por entre o sobre las rejas, por las ventanas, escalando muros o trepando árboles del ornato público para luego saltar dentro. El guardián de la entrada en tanto duerme roncando sonoramente, apoyado en el marco de la puerta; alguien le ha pintado groserías por toda la cara y le han quitado su rifle de asalto reglamentario y se lo han cambiado por un palo de escoba. Desde una alcantarilla sale entonces el insigne caballero Sir Archibaldo Reynolds y se dirige en línea recta al guardián durmiente)

-Despierte, bestia sutil y profética, cumpla con su misión de asustar y repeler a quienes buscan hincar el diente a la jugosa manzana podrida del saber.
_ Eh? Lo qué? No sé de qué habla, esto es la institución educatoria número siete siete ocho dos A, pase hombre y déjeme trabajar, si es estudiante vaya por este lado, y si es profesor vaya por ese lado, o a lo mejor era al revés, no sé…
Sir Archibaldo se mete a la institución educatoria mientras el guardián vuelve a dormirse. Los pasillos atestados de papeles, botellitas y restos de comida, dan testimonio del éxito pedagógico alcanzado recientemente: los estudiantes están tan absortos en su aprendizaje que ni siquiera advierten dónde depositan su basura o dónde dejan sus cosas, según un estudio recientemente realizado y difundido por las autoridades gubernacionales delegadas del poder gubernamundial. El insigne caballero Sir Archibaldo elige al azar una puerta y entra.
Unos sesenta alumnos de distintas edades están sentados en cajones de madera, sillas viejas de playa, almohadones o en el suelo, miran sus celulares o tablets o radiorelojes o duermen a pata suelta; algunos fuman o toman mate o bebidas energizantes, mientras un profesor de barba y cabellera blanca duerme acostado sobre el escritorio, ataviado de su pijama y con un osito de peluche entre sus manos. En el fondo un grupito ha encendido un fuego y están preparando un asado sobre una parrilla improvisada con las varillas de un asiento.
_Profesor - dice Sir Archibaldo- puedo hacerle una pregunta?
_Vuelva a su asiento, no moleste y le pongo una A+ o algo así- responde el durmiente, con lo que Sir Archibaldo va y se sienta en una esquina, contento de estar sacando al fin buenas notas por una vez en la vida; alguien lo convida con un fuerte brebaje que sabe a vino carcelario, donde flotan algunas pastillas de colores fluorescentes. Al cabo de unos minutos cae en trance debido a las pastillas y cuando despierta un par de horas después tiene frente a sí un papel que certifica que ha cursado y aprobado todos los cursos de forma satisfactoria y hasta con honores. Al incorporarse y salir tambaleándose al patio, se cruzó con los dos directores de la institución, ambos vestidos con equipos deportivos grises y gastados; hablaban al unísono y se movían muy coordinados; tal vez uno de los dos fuese una marioneta del otro, o tal vez ambos lo fueran.
_Vimos que acaba de graduarse. Felicitaciones.
_Gracias, ha sido realmente una experiencia enriquecedora el cursar aquí mis estudios. Deben estar orgullosos de su trabajo, están haciendo algo muy bueno aquí, y muy importante…
_Por supuesto. Pero vamos a lo más importante: ¿quiere usted conseguir trabajo? Es decir, acaba de terminar sus estudios y sería lógico pensar en aplicar todo ese conocimiento adquirido a alguna labor productiva y provechosa. De otro modo estudiar sería algo muy estúpido.
_Claro que sí, ciertamente ardo en deseos de entrar en la nómina de una gran empresa y dedicar mis horas a acrecentar índices de producción y márgenes de ganancia a cambio de una magra remuneración más simbólica que otra cosa.
_Perfecto, no esperábamos menos de usted. Por aquí.
(Lo empujan por un tubo neumático que lo transporta hacia un patio empedrado repleto de personas recién graduadas, que rellenan formularios y hacen filas; en ese momento el efecto de las pastillas comienza a bajar, y Sir Archibaldo resuelve que es mejor saltar el muro y volver a la calle. Localiza una tapa de alcantarilla y vuelve a desaparecer bajo el asfalto).

jueves, 10 de agosto de 2023

Postapocalíptico y desintegrado; anomalía en el Monte Suicidio.

 


(Oficina del gerente general de la Sección Anomalías del Monte Suicidio. El gerente general se encuentra aburrido en su alto asiento, mirando el vacío. Por una puerta lateral se escuchan los pasos regulares y veloces de un guardia, que viene escoltando a un tipo desconocido de aspecto estrafalario, quien luego conoceremos como el insigne caballero Sir Archibaldo; habla el guardia)

_Se presenta ante Su Excelentísima excelencia excelente el caso anómalo N° 0000000000001, que presenta las siguientes características especiales:
Hoy mismo, a las 9:00 AM, el acusado Sir Archibaldo Reynolds se presentó en la Escalera Sur de nuestras instalaciones, formó la fila como corresponde y, a su debido turno, comenzó a subir; en cada Estación de Paso fue contestando las preguntas de forma satisfactoria, en cada prueba dio con la salida de forma justa y adecuada, fue incluso uno de los más rápidos en llegar a la cima del Monte Suicidio, lo que ocurrió a las 5:56 PM de esta tarde; una vez en la cima, el acusado se negó a proceder a suicidarse, a pesar de haberse ya ganado ese derecho; adujo haber cambiado de opinión, lo que es sumamente anómalo en estos casos; hemos procedido de inmediato a traerlo ante Su Excelentísima excelen…
_ Cállese… (lo interrumpe el gerente general, displicente, con distante mala educación)
_ Sí, Su Excelencia, disculpe, Su Excelencia, ya me callo, Su Exce…
_ Que hable el acusado; a ver, explíquese Sir…(revisa los papeles que le alcanza el guardia) Archibaldo, ¿por qué cambió de opinión con respecto al suicidio y justo en el momento último?
_ Gracias, Excelencia, por pedirme que le explique, por escucharme, no como este guardia que en vez de dejarme hablar me trajo a los empujones hasta acá...
_ No lo agradezca, es mi trabajo; el trabajo del guardia era traerlo, y lo trajo; yo soy el encargado de que todo funcione con normalidad aquí en el Monte Suicidio, y de estudiar las anomalías cuando ocurren, que es nunca, o era nunca hasta ahora; usted es la primera ocupación real que he tenido en todos mis años al frente de este lugar. Acá todo es siempre funcional, normal, eficiente: la gente llega, cumple los requisitos, atraviesa y supera las diferentes estaciones de paso; algunos escriben una carta o dejan un objeto, llegan a la cima del Monte Suicidio y desde allí se lanzan a una muerte segura. Los camiones juntan y limpian todo cada noche. El propio sistema de estaciones de paso se encarga de asegurar que nadie llegue a la cima si no está cien por ciento seguro de suicidarse, por lo que hasta ahora nunca nadie se había arrepentido en ese punto; lo usual es que por día haya entre cinco y ocho personas que se arrepienten, mayormente son hombres jóvenes que se querían matar por amor o desamor, y luego de desahogarse un poco en las primeras dos o tres estaciones de paso, cambian de idea y se van de vuelta a sus casas, sintiéndose mejor; una verdadera terapia intensiva, si me permite la expresión; pero nadie había llegado hasta la cima del monte para arrepentirse allí. ¿Qué hay de especial en usted? ¿Por qué cambió de opinión en ese momento? ¿Por qué repentinamente ya no quiso suicidarse, Sir Archibaldo?
_ No sé.
_ ¿Cómo dice?
_ Que no sé. No sé por qué me arrepentí.
_ Entiendo. Se asustó, tal vez…
_ De ninguna manera; no permitiré que se sospeche esa posibilidad; le recuerdo además que una de las primeras estaciones de paso es la del miedo, justamente, y allí se aseguraron de corroborar que yo no tengo ningún tipo de miedo a la muerte pues puedo considerarla desde un punto de vista puramente lógico y materialista: uno se muere y ya no ocurre más nada, es el final de todo, no hay a qué tenerle miedo, ni hay ya un sujeto que pueda sentirlo.
_ Entiendo, Señor Archibaldo, y ha de ser entonces usted una de esas personas temerarias que ante nada se amedrentan.
_ Por el contrario, Su Excelencia, muchísimas cosas me atemorizan, pero todas ellas están en la vida, no después de la muerte. Ya ve que mi falta de miedo a la muerte no es por valentía sino por pura lógica.
_ Vaya, es usted muy inteligente, lo felicito; ¿no quiere fumar conmigo? Venga, siéntese.
(Sir Archibaldo toma asiento en una especie de butaca u otomana, y observa al Gerente general ensamblar un enorme narguile, del cual comienzan a fumar lanzando bocanadas de humo voluptuoso que se elevan hacia el techo, donde un lento ventilador las va segando a intervalos regulares. Pasan un rato en silencio. El guardia ya no está. El gerente general repentinamente mira a Sir Archibaldo, y le habla)
_ A lo mejor si me cuenta desde el principio, cuándo tomó la decisión de venir a suicidarse, pueda yo entender por qué se arrepintió luego. Tengo que tratar de entender. Trate de explicarme, por favor, si es tan amable.
_ ¿No puedo irme? Sería tal vez lo mejor.
_ Por supuesto que puede irse, claro, en cuanto quiera hacerlo; por eso lo he drogado con el narguile, para que quiera quedarse.
_ Vaya, es usted muy inteligente, lo felicito. Déme un poco más. Le contaré. Ayer a la noche me encontré un poco indispuesto y cené apenas, por lo que casi todos los alimentos destinados a mi ingesta nocturna fueron a parar a un recipiente plástico en la heladera, o refrigerador, donde se quedaron y yo los encontré hoy a la mañana. Cuando los vi allí, me dije que hoy no tendría que cocinar al mediodía para almorzar, y que por lo tanto no tendría que ir al almacén esta mañana, y que por lo tanto no tenía prisa alguna en desayunar o vestirme o siquiera lavarme la cama. No tenía nada qué hacer, y casi enseguida se me ocurrió: podría ir y suicidarme, y entonces me vine para acá, no vivo muy lejos. A esa hora no había mucha gente, lo que yo ya sospechaba porque a menudo paso enfrente y veo el movimiento de gente; creo que eso influyó en mi decisión, sabe? pensé que bueno, no iba a tener que hacer mucha fila ni esperar, y eso es siempre placentero. Después de esperar unos cinco minutos en la fila pude entrar; la primera estación de paso fue más bien protocolar, alguien me pidió mis datos y me preguntó si sabía cuál era el objetivo de la institución, contesté que venía a suicidarme y me dejaron pasar. En la segunda y tercera estación de paso me preguntaron por mis motivaciones, mis miedos y mis esperanzas; les dije que el motivo era que no quería vivir en un mundo donde el almuerzo ya estaba listo desde el día antes, que no tengo miedo a la muerte porque es el cese definitivo de toda sensación y conciencia, y por ende nada malo puede haber allí, y que mi esperanza era llegar a la cima, saltar y morir. Pasé sin problemas; en la cuarta estación se me preguntó sobre mi legado en el mundo, si estaba satisfecho con lo que dejaba tras de mí y contesté que tal cosa es una ilusoria estrategia del ego narcisista. En la quinta estación me hicieron comer manjares y beber licores finos y embriagantes, para ver si la satisfacción de los sentidos lograba despertar en mí las ganas de seguir viviendo, pero no; en otras estaciones se me ofrecieron mujeres sensuales, sumas enormes de dinero y lugares de alto estatus social, para ver si alguna de esas variables torcía mi voluntad; permanecí férreo e impertérrito…
_ ¿Férreo e impertérrito…? ¿Es usted escritor, acaso?
_ Lo fui. También se me preguntó sobre mis trabajos y ocupaciones, mi rutina diaria, mi estado de salud y situación financiera. En la última estación se me dijeron palabras hermosas, poemas e historias; allí me quedé escuchando por horas, escuchar todo ello era preferible a suicidarme, por el momento, pero al final empecé a notar repeticiones, artificios, intenciones demasiado explícitas de agradar a mi oído, y me harté. Entonces salí de esa estación y escalé hasta la cima. Iba a saltar, sin problema, pero por un segundo se me cruzó la idea de no hacerlo, no sé por qué, y entonces decidí que debía contemplar bien esa idea antes de tomar una vía de acción irreversible.
_ ¿Contemplar la idea de vivir, de seguir viviendo?
_ Exacto; ahora que lo pienso su institución, a la que respeto enormemente y voy a recomendar a todos mis amigos y allegados profesionales, es sumamente eficaz en revisar y analizar los motivos de una persona para suicidarse, pero yo quería antes de saltar sopesar también los motivos para vivir.
_ Entiendo, al fin entiendo un poco ¿Cuánto tiempo supone que tardará en revisar esos motivos?
_ No puedo saberlo, tal vez años, toda una vida a lo mejor.
(El gerente general anota un par de cosas al pie de los papeles; después mira a Sir Archibaldo y le habla)
_ Ya puede irse, por mi parte queda claro que usted ha perdido el derecho al suicidio de momento; si alguna vez decide usar nuestras instalaciones nuevamente deberá volver a pasar por todo el proceso, y espero podamos en ese momento atenderlo tan bien como usted merece.
_ Muy agradecido por sus mercedes; entiendo que es lo lógico que se revoque mi derecho al suicidio.
Sir Archibaldo sale por una puerta lateral y se encuentra en plena calle. Mira la hora. Con suerte llega a su casa a tiempo de cenar lo que quedó de anoche. La nochecita es agradable. Prende un cigarrillo y se encamina chiflando a su casa.