
(Nos encontramos en una bullente explanada ante la imponente mole cuadrada de cemento donde funciona la Secretaría General de Joditación y Enfiestamiento; es la víspera de la Gran Revueltación, fiesta que celebra el mítico acontecimiento ocurrido 12 o 13 años atrás, quién recuerda con exactitud algo de hace tanto tiempo, cuando la Humanidad en su conjunto, dicen, decidió usar el nuevo método organizativo y de gestión mundial. La fecha se conmemora el 32 de Lluverano y desde días antes se pudo observar cómo instalaron las pantallas y los altoparlantes, los drones de seguridad recorriendo el cielo y se disponían sillas y tarimas y altares; en la tarima mayor ahora están terminando de colocar el Gran Árbol de la Revueltación, adornado de chirimbolos, luces y cintas de colores, en conmemoración del árbol que, dicen, los iniciadores de la Gran Revueltación incendiaron para dar comienzo a los incendios forestales y luego urbanos que llevaron al colapso de la vieja civilización; desde la copa del Gran Árbol se ve entonces descender ágilmente al insigne caballero Sir Archibaldo Reynolds, que con una voltereta se deja caer desde las ramas más bajas y aterriza sobre un pobre idiota de la organización; Sir Archibaldo lo levanta, le pega un par de sopapos para volverlo en sí y le grita:)
_Eh, usted, soporífero energúmeno gubernamental, despierte y explique todo esto.
_Oh, lo siento, debí quedarme dormido porque estoy trabajando sin descanso desde hace tres días...
_No me interesan sus excusas, dígame qué están haciendo aquí. Soy Sir Archibaldo Reynolds.
_Ah, ya veo, disculpe, le explico: estamos dando los últimos toques a los preparativos de la celebración de esta noche y mañana.
_Y qué se celebra?
_Conmemoramos el paso glorioso de la vieja civilización decadente a nuestra actual gloriosa forma de vida.
_Y por qué el árbol...?
_Verá: cuenta la leyenda (usted mismo podrá verlo todo esta noche en las pantallas y no tendrá más remedio que escucharlo varias veces durante las celebraciones) que hace años la gente vivía mal y era estúpida, infeliz, molesta, sobre todo muy molesta; todos vivían deseando cambiar el mundo y criticando lo que veían a su alrededor; fue en ese contexto que unos imbéciles anónimos incendiaron un pino por puro aburrimiento sin saber que el fuego se extendería de forma gradual a todo el bosque y que otros imbéciles anónimos imitarían el fenómeno en otros lugares, otros bosques, otros países y continentes, solo porque las imágenes en vivo del incendio original eran fascinantes y conmovedoras de algún modo. En apenas tres días el mundo entero estaba en llamas, y toda vida hubiese perecido de no ser por las lluvias que casualmente apagaron e inundaron todo lo que estaba en llamas. Entre las cenizas se fue corriendo el rumor de que algo o alguien se había puesto al mando de la nueva situación y no tardaron en aparecer sus representantes y mensajeros, los ejecutores del actual método organizativo y de gestión mundial; realmente debieron ser prodigios de la organización y la gestión si en apenas tres días habían organizado tan eficientemente aquello en medio del caos de los incendios, y eso que fue todo de sorpresa. Las personas no pudimos menos que reconocer que tales genios de la organización merecían nuestro respeto y obediencia, sobre todo cuando empezaron a repartir abrigo y comida, cuando trajeron medicamentos, cuando enterraron a los muertos. Claro que, por el shock, algunos lo recordamos todo un poco diferente, pero esta celebración obligatoria anual nos ayuda a depurar nuestra memoria y recordar de la forma adecuada y didáctica los hechos ocurridos...
_Entiendo. Y en qué consiste la celebración?
_Conviene que lo vea usted mismo.
(Entonces empezó la música, ensordecedora, y las pantallas se encendieron y mostraron unos logos oficiales, unas mujeres mostrando las tetas, un niño aprendiendo a caminar, un cachorrito jugando con una mariposa, una tarjeta de débito atravesando un pos, un caño de escape lanzando humo rosa, un aborto, una puesta de sol en la playa; la música era acompañada por voces agudas altísimas que cantaban una especie de himno recordando que
"La idiotez de la gente, la maldad de las personas,
arruinaron el planeta con su falta de neuronas;
pero hubo un día grandioso al fin de la larga noche,
llegó el orden al mundo entero entre el fuego,
sangre y gritos y explosiones de coches...";
las sillas ahora eran ocupadas por multitudes entusiastas y drogadaísimas que coreaban la letra y se estremecían de gozo ante cada nueva imagen vertiginosa y conmovedora en las pantallas;
"Y el orden que ha llegado,
que ha salvado nuestro mundo,
corre riesgos a cada segundo
y debe ser preservado".
El insigne caballero Sir Archibaldo Reynolds se dice que debe detener todo aquello, pero cómo? La alienación de la gente es demasiada, la estafa de los organizadores del mundo es demasiado evidente; corre hacia el Gran Árbol e intenta prenderle fuego con unos fósforos, pero entonces el pobre idiota de la organización se le acerca:)
_No sea impaciente, aún es temprano.
_Cómo dice?
_Que aún es temprano, los incendios no deben comenzar hasta poco antes de la medianoche.
_Pero es que...
_Oh, vamos, ya sé lo que intenta hacer: acabar con un sistema porque no le gusta, porque lo considera erróneo o inmoral.
_Bueno, eh, sí, en efecto.
_Pero no ha entendido nada: lo que usted quiere hacer, sembrar el caos en medio de la celebración, es justamente la celebración, es lo que todos esperamos, pero déjenos esperar todavía un poco más; la enfiestación de esta noche consiste justamente en que aquí y allá, por todos lados, se iniciarán incendios y se volverá a destruir el mundo para esperar tres días en caos y éxtasis hasta que los nuevos organizadores surjan y nos rescaten de nuestra propia estupidez y nuestros impulsos autodestructivos. Contamos de antemano con que siempre habrá alguien como usted, alguien que quiera cambiar todo, siempre hay alguien así, y siempre el resultado es el mismo, siempre la búsqueda del cambio ayuda a la conservación. Escuche, escuche los villancicos:
"Siempre existen los idiotas, los locos, los chiflados
siempre van trayendo caos y líos en todos lados
y gracias a esos idiotas es que existen los estados
los gobiernos, ministerios, funcionarios y abogados,
cada vez que hay un problema, aparece solución,
ante la idiotez del mundo aparece la organización...
nuestra gloriosa y divertida, peligrosa y pervertida,
extrema y bizarreada y oscura como la vida,
nuestra or ga ni za-ción..."
_Es que no se ha dado cuenta? Los chirimbolos están llenos de combustible, las cintas de colores empapadas en químicos, el Gran Árbol arderá pronto y esa será la señal para que todos en sus casas, en las calles, en los campos, incendien sus propios árboles y durante toda la noche y el día los incendios se esparcirán y multiplicarán, morirán cientos de miles, las infraestructuras colapsarán; durante la segunda noche y el segundo día los sobrevivientes nos reuniremos y cantaremos canciones que prometen salvación; la tercera noche será de recogimiento y reflexión, la mayoría la pasaremos durmiendo, sabiendo que al tercer día empezarán las lluvias y vendrán los organizadores a salvarnos. Y todo habrá comenzado por usted, como otras veces ha empezado por otros, y en un año, luego de trabajar afanosamente para reconstruirlo todo, estaremos aquí de nuevo ansiando volver a verlo arder.
(El insigne caballero Sir Archibaldo Reynolds corre entonces hacia una manguera de emergencia y lanza un potente chorro de agua hacia el Gran Árbol, con intenciones de empaparlo y que no consigan hacerlo arder esta vez; inesperadamente al contacto con el agua las cintas comienzan a arder y pronto los chirimbolos explosivos comienzan a detonar y el Gran Árbol arde de forma magnífica ante los vítores y el descontrol generalizado. Ha empezado una vez más.)
_Pero, yo, el agua, el árbol...
_No entiende, verdad? Magnesio, Sir Archibaldo, magnesio; las cintas estaban cubiertas de magnesio que al contacto con el agua reacciona y libera hidrógeno, que arde por la temperatura generada en la misma reacción. No creerá que somos los organizadores del mundo porque sí, eh? Todo esto ha sido parte de nuestra organización, el resultado de nuestras gestiones y previsiones. Ahora beba algo y disfrute de la enfiestación antes de tener que huir hacia las zonas altas; si tiene suerte, lo veo dentro de tres días.
(El insigne caballero Sir Archibaldo Reynolds, frustrado y vencido, se sienta en una silla blanca de plástico, bebe de una botella que levantó del suelo, prende un cigarro con unas brasas que han caído cerca desde el Gran Árbol, mira a su alrededor y nos desea a todos un caótico fin de año.)