martes, 9 de diciembre de 2025

Postapocalíptico y desintegrado; trababelenguas.



 (Estamos en un sitio en construcción, un intrincado laberinto de hierros, planchas, bolsas de cemento, máquinas, herramientas, cascos, cables, escaleras, mangueras y tubos; una mezcladora de cemento gigante gira parsimoniosamente haciendo su alquimia constructiva que se vuelca a intervalos regulares sobre una bandeja desde la que una manguera chupa la mezcla y la dirige a donde se la necesite; en una de sus regulares regurgitaciones de hormigón se aprecia un gran grumo que gradualmente se estira y se sacude hasta mostrarse como el insigne caballero Sir Archibaldo Reynolds. Sale de la bandeja, lustra sus zapatos con una franela y se dirige a un obrero)

-- Oiga usted, masacote con casco, dígame qué están construyendo aquí...

-- Hable con el capataz...

(Va hasta el capataz, un hombre idéntico en todo a los otros excepto por el color de su casco y las tiras de su chaleco)

--Oiga usted, masacote humano...

-- Primero póngase un casco y córrase para este lado,  gracias, ahora sí, qué desea?

-- Dígame qué están construyendo aquí.

--Una pared muy alta.

--¿Y para qué?

--No lo sé con seguridad, pero supongo que para sostener un techo muy alto. Muévase un metro hacia acá, gracias.

--Usted no me sirve de nada.

--Yo sirvo para construir, no para conversar; muévase dos pasos para atrás.

(Continuamente ambos personajes son esquivados por trabajadores, grúas y autómatas mecánicos que continúan trabajando afanosamente; cada indicación del capataz llega justo a tiempo para evitar que el insigne caballero Sir Archibaldo Reynolds quede reducido a papilla)

-- ¿Quién puede darme información sobre el proyecto que están construyendo?

-- Hable con los ingenieros, esos de ahí, y agáchese que viene una viga...

(El insigne caballero Sir Archobaldo reynolds va hasta el grupito de ingenieros que beben café bajo un toldo en medio de cintas amarillas de PRECAUCIÓN NO PASAR, salta la cinta y se pone en medio del grupito)

--Hola, ingenieros sin ingenio, qué es lo que están..?

-- Póngase otro casco, y un chaleco, y tome este café con ingredientes especiales...

-- Muy rico, gracias, pero díganme qué es lo que están construyendo en este sitio, es una...

-- No sabemos con exactitud, debería preguntarle al arquitecto.

-- Bien, lo haré, y dónde puedo encontrarlo?

-- Nadie lo sabe, los planos nos llegan de forma anónima desde algún sitio desconocido; algunos dicen que lo que estamos construyendo es una escalera para acceder al lugar donde el arquitecto vive, su morada celeste perfecta, proyectada y ejecutada con maestría por los maestros constructores de la...

-- Pare de delirar, imbécil, y dígame una cosa: cómo llegan hasta ustedes esos planos?

-- Para averiguar eso tendría que trabajar con nosotros un tiempo, ganarse la confianza de todos, subir en la jerarquía de la empresa, llegar a cargos de poder...

-- ¿Y qué empresa es?

--Tampoco lo sabemos, esa información es clasificada.

--No saben para quiénes trabajan.

--NO.

--Ni qué están construyendo.

--NO.

-- Ni cuándo van a terminar o para qué sirve todo esto.

-- No, no sabemos, y usted tampoco sabe, así que deje de molestar, termine su café y largo de aquí.

(El insigne caballero Sir Archibaldo Reynolds sale del cuadrilatero de cintas levantando una pierna y luego la otra, de forma muy poco elegante, y con el pie engancha la cinta que tironea de una baliza que se viene abajo tirando un poste que sostenía unos andamios que caen sobre las máquinas que... en resumen, 20 segundos después casi toda la obra se ha venido abajo y es puro escombro; de entre los restos surgen los ingenieros, que miran los planos y festejan porque ya casi terminan la obra, o al menos la parte que a ellos les tocaba, porque nadie sabe cuándo se va a completar la obra, o de qué se trata o para qué la están haciendo. El insigne caballero Sir Archibaldo Reynolds se sacude el polvo de las ropas, se saca las cascos y chalecos que llevaba puestos, termina el contenido de su taza y usando unas lonas como trampolín sale saltando por el lado izquierdo del escenario.)

viernes, 24 de noviembre de 2023

Postapocalíptico y desintegrado; ya se vienen las enfiestaciones.

 


(Nos encontramos en una bullente explanada ante la imponente mole cuadrada de cemento donde funciona la Secretaría General de Joditación y Enfiestamiento; es la víspera de la Gran Revueltación, fiesta que celebra el mítico acontecimiento ocurrido 12 o 13 años atrás, quién recuerda con exactitud algo de hace tanto tiempo, cuando la Humanidad en su conjunto, dicen, decidió usar el nuevo método organizativo y de gestión mundial. La fecha se conmemora el 32 de Lluverano y desde días antes se pudo observar cómo instalaron las pantallas y los altoparlantes, los drones de seguridad recorriendo el cielo y se disponían sillas y tarimas y altares; en la tarima mayor ahora están terminando de colocar el Gran Árbol de la Revueltación, adornado de chirimbolos, luces y cintas de colores, en conmemoración del árbol que, dicen, los iniciadores de la Gran Revueltación incendiaron para dar comienzo a los incendios forestales y luego urbanos que llevaron al colapso de la vieja civilización; desde la copa del Gran Árbol se ve entonces descender ágilmente al insigne caballero Sir Archibaldo Reynolds, que con una voltereta se deja caer desde las ramas más bajas y aterriza sobre un pobre idiota de la organización; Sir Archibaldo lo levanta, le pega un par de sopapos para volverlo en sí y le grita:)

_Eh, usted, soporífero energúmeno gubernamental, despierte y explique todo esto.

_Oh, lo siento, debí quedarme dormido porque estoy trabajando sin descanso desde hace tres días...

_No me interesan sus excusas, dígame qué están haciendo aquí. Soy Sir Archibaldo Reynolds.

_Ah, ya veo, disculpe, le explico: estamos dando los últimos toques a los preparativos de la celebración de esta noche y mañana.

_Y qué se celebra?

_Conmemoramos el paso glorioso de la vieja civilización decadente a nuestra actual gloriosa forma de vida.

_Y por qué el árbol...?

_Verá: cuenta la leyenda (usted mismo podrá verlo todo esta noche en las pantallas y no tendrá más remedio que escucharlo varias veces durante las celebraciones) que hace años la gente vivía mal y era estúpida, infeliz, molesta, sobre todo muy molesta; todos vivían deseando cambiar el mundo y criticando lo que veían a su alrededor; fue en ese contexto que unos imbéciles anónimos incendiaron un pino por puro aburrimiento sin saber que el fuego se extendería de forma gradual a todo el bosque y que otros imbéciles anónimos imitarían el fenómeno en otros lugares, otros bosques, otros países y continentes, solo porque las imágenes en vivo del incendio original eran fascinantes y conmovedoras de algún modo. En apenas tres días el mundo entero estaba en llamas, y toda vida hubiese perecido de no ser por las lluvias que casualmente apagaron e inundaron todo lo que estaba en llamas. Entre las cenizas se fue corriendo el rumor de que algo o alguien se había puesto al mando de la nueva situación y no tardaron en aparecer sus representantes y mensajeros, los ejecutores del actual método organizativo y de gestión mundial; realmente debieron ser prodigios de la organización y la gestión si en apenas tres días habían organizado tan eficientemente aquello en medio del caos de los incendios, y eso que fue todo de sorpresa. Las personas no pudimos menos que reconocer que tales genios de la organización merecían nuestro respeto y obediencia, sobre todo cuando empezaron a repartir abrigo y comida, cuando trajeron medicamentos, cuando enterraron a los muertos. Claro que, por el shock, algunos lo recordamos todo un poco diferente, pero esta celebración obligatoria anual nos ayuda a depurar nuestra memoria y recordar de la forma adecuada y didáctica los hechos ocurridos...

_Entiendo. Y en qué consiste la celebración?

_Conviene que lo vea usted mismo.

(Entonces empezó la música, ensordecedora, y las pantallas se encendieron y mostraron unos logos oficiales, unas mujeres mostrando las tetas, un niño aprendiendo a caminar, un cachorrito jugando con una mariposa, una tarjeta de débito atravesando un pos, un caño de escape lanzando humo rosa, un aborto, una puesta de sol en la playa; la música era acompañada por voces agudas altísimas que cantaban una especie de himno recordando que 

"La idiotez de la gente, la maldad de las personas,

arruinaron el planeta con su falta de neuronas;

pero hubo un día grandioso al fin de la larga noche,

llegó el orden al mundo entero entre el fuego,

sangre y gritos y explosiones de coches...";

las sillas ahora eran ocupadas por multitudes entusiastas y drogadaísimas que coreaban la letra y se estremecían de gozo ante cada nueva imagen vertiginosa y conmovedora en las pantallas;

"Y el orden que ha llegado,

que ha salvado nuestro mundo,

corre riesgos a cada segundo

y debe ser preservado".

El insigne caballero Sir Archibaldo Reynolds se dice que debe detener todo aquello, pero cómo? La alienación de la gente es demasiada, la estafa de los organizadores del mundo es demasiado evidente; corre hacia el Gran Árbol e intenta prenderle fuego con unos fósforos, pero entonces el pobre idiota de la organización se le acerca:)

_No sea impaciente, aún es temprano.

_Cómo dice?

_Que aún es temprano, los incendios no deben comenzar hasta poco antes de la medianoche.

_Pero es que...

_Oh, vamos, ya sé lo que intenta hacer: acabar con un sistema porque no le gusta, porque lo considera erróneo o inmoral.

_Bueno, eh, sí, en efecto.

_Pero no ha entendido nada: lo que usted quiere hacer, sembrar el caos en medio de la celebración, es justamente la celebración, es lo que todos esperamos, pero déjenos esperar todavía un poco más; la enfiestación de esta noche consiste justamente en que aquí y allá, por todos lados, se iniciarán incendios y se volverá a destruir el mundo para esperar tres días en caos y éxtasis hasta que los nuevos organizadores surjan y nos rescaten de nuestra propia estupidez y nuestros impulsos autodestructivos. Contamos de antemano con que siempre habrá alguien como usted, alguien que quiera cambiar todo, siempre hay alguien así, y siempre el resultado es el mismo, siempre la búsqueda del cambio ayuda a la conservación. Escuche, escuche los villancicos:

"Siempre existen los idiotas, los locos, los chiflados

siempre van trayendo caos y líos en todos lados

y gracias a esos idiotas es que existen los estados

los gobiernos, ministerios, funcionarios y abogados,

cada vez que hay un problema, aparece solución,

ante la idiotez del mundo aparece la organización...

nuestra gloriosa y divertida, peligrosa y pervertida,

extrema y bizarreada  y oscura como la vida,

nuestra or ga ni za-ción..."

_Es que no se ha dado cuenta? Los chirimbolos están llenos de combustible, las cintas de colores empapadas en químicos, el Gran Árbol arderá pronto y esa será la señal para que todos en sus casas, en las calles, en los campos, incendien sus propios árboles y durante toda la noche y el día los incendios se esparcirán y multiplicarán, morirán cientos de miles, las infraestructuras colapsarán; durante la segunda noche y el segundo día los sobrevivientes nos reuniremos y cantaremos canciones que prometen salvación; la tercera noche será de recogimiento y reflexión, la mayoría la pasaremos durmiendo, sabiendo que al tercer día empezarán las lluvias y vendrán los organizadores a salvarnos. Y todo habrá comenzado por usted, como otras veces ha empezado por otros, y en un año, luego de trabajar afanosamente para reconstruirlo todo, estaremos aquí de nuevo ansiando volver a verlo arder.


(El insigne caballero Sir Archibaldo Reynolds corre entonces hacia una manguera de emergencia y lanza un potente chorro de agua hacia el Gran Árbol, con intenciones de empaparlo y que no consigan hacerlo arder esta vez; inesperadamente al contacto con el agua las cintas comienzan a arder y pronto los chirimbolos explosivos comienzan a detonar y el Gran Árbol arde de forma magnífica ante los vítores y el descontrol generalizado. Ha empezado una vez más.)

_Pero, yo, el agua, el árbol...

_No entiende, verdad? Magnesio, Sir Archibaldo, magnesio; las cintas estaban cubiertas de magnesio que al contacto con el agua reacciona y libera hidrógeno, que arde por la temperatura generada en la misma reacción. No creerá que somos los organizadores del mundo porque sí, eh? Todo esto ha sido parte de nuestra organización, el resultado de nuestras gestiones y previsiones. Ahora beba algo y disfrute de la enfiestación antes de tener que huir hacia las zonas altas; si tiene suerte, lo veo dentro de tres días.

(El insigne caballero Sir Archibaldo Reynolds, frustrado y vencido, se sienta en una silla blanca de plástico, bebe de una botella que levantó del suelo, prende un cigarro con unas brasas que han caído cerca desde el Gran Árbol, mira a su alrededor y nos desea a todos un caótico fin de año.)

lunes, 9 de octubre de 2023

Postapocalíptico y desintegrado; la vida es una tom-tom-tómbola.


 


Estamos dos minutos antes de las 27 horas, pasado el mediodía, en el Cruce Peatonal  N 4, "Honorable Jhonny Walker", y a cada lado de los muros retráctiles de contención las multitudes se apretujean esperando el pitazo que dará inicio a la bajada del muro y al tiempo de cruce, de unos 38 segundos aproximadamente, al final del cual otro pitazo más grave indicará que los muros comienzan a levantarse nuevamente; dentro de los muros de contención circulan automóviles, buses y camiones a velocidad estúpidamente alta; sobre una esquina vemos a un señor muy elegante que no intentará cruzar sino que ha venido a vender pelotas de golf, y las ofrece y las vocea entre el tumulto. La muchedumbre se abre apenas un momento y vemos que llega el insigne caballero Sir Archibaldo Reynolds, que se acerca al hombre de las pelotas:

_Eh, usted, el de las pelotas en las manos, por qué ha venido justamente aquí a vender su producto?

_Hola, Sir Archibaldo, es un honor conocerle... En cuanto a su pregunta, ya ve: es un mercado cautivo.

Efectivamente vemos como muchas  de las personas que allí esperan se compran pelotas de golf y las guardan en sus bolsillos.

_Pero- insiste Sir Archibaldo- no le iría mejor teniendo un local de venta específico...? Algo así como "La casa de las pelotas".

_Es que yo no me dedico a esto: me salió en la Tómbola. A veces juego, bueno casi siempre, siempre. Pero uno nunca piensa que va a ganar, uno siempre cree que le va a pasar a otro. Pero esta vez el otro era yo.

_Ganó dinero?

_Qué va! Hace años que se vio que largar dinero a la calle era inflacionario, y entonces cambiaron todos los premios por su valor equivalente en productos de los patrocinadores.

_Y usted ganó muchísimo dinero en pelotas de golf?

_Así es, y si no las acabo de vender pronto, me acusarán de especulador por tener una propiedad y no usarla ni venderla ni alquilarla. Me quitarían todo.

_Pero usted podría usar las pelotas de golf, digamos, jugando al golf.

_Pero es muy aburrido.

_Entiendo.

El hombre sigue vendiendo pelotas de golf, Sir Archibaldo observa. De repente el tránsito se detiene, se oye el primer pitazo y los muros se hunden en el suelo a gran velocidad, tanto así que los que estaban apretados contra ellos resultan heridos y mutilados, muchos caen hacia adelante al desaparecer el contenedor que los limitaba; hay carreras, gritos, lamentos, despedidas apresuradas. Es casi seguro que algunos lograron cruzar, pero es más seguro aún que muchos no. Luego, el segundo pitazo y los muros que resurgen en su sito exacto con una velocidad y una potencia que destroza a varios de los caídos y lanza volando varios metros a los otros. Casi de inmediato se reanuda el tránsito y en pocos segundos en la calle no queda ni rastros, y si quedan no son visibles entre los bólidos que borronean el pavimento...

_Vuelven a bajar en unas horas, ahora mengua un poco el caudal de gente hasta que falte poco. A veces no lo abren nada, a veces lo dejan abierto mucho más tiempo del acostumbrado; es uno de los 19 cruces peatonales instalados en toda la ciudad, y por suerte hoy ya casi nadie necesita ir a trabajar o a comprar cosas muy lejos porque todo está cerca, a pocas cuadras. Los que quieran cruzar de una zona a otra deben enfrentar esto; no sé para qué, la verdad, si todas las zonas son prácticamente iguales, pero bueno, la gente es un misterio.

_Cuánto hace que viene a vender las pelotas de golf?

_Van dos semanas y me queda por lo menos una semana más, para comer cambio pelotas de golf por empanadas de hormiga, que hay uno que viene dos veces al día a venderme; para ir al baño no me pregunte. Estoy desenado poder acabar con esto y volver a mi apacible vida, y juro nunca volver a jugar a la Tómbola; o bueno, por un tiempo. Un mes, o un par de semanas.

_Tengo una idea.

Sir Archibaldo compra una pelota de golf, luego apunta sobre el muro y la lanza casi en paralelo a este, en dirección al tránsito. El estrépito y el frenazo fueron recibidos con gritos de júbilo por parte de los peatones que esperaban la próxima bajada de muros. Sir Archibaldo lanzó otra pelota sobre el muro, ahora de forma perpendicular; un nuevo sonido de vidrios rotos y un acordeón de metal cerrándose por única vez, y luego una pequeña explosión.

Luego, en menos de media hora, se vendieron todas las pelotas que quedaban.